Escondite con vista

"...me siento como en casa. Insignificante, sí. Pero completa y llena de vida como rayo de sol al atardecer."

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Martes desde mi ventana

Published by Unknown under on martes, marzo 23, 2010

Sentada en mi escritorio intento formar frases, construir oraciones, acomodar palabras, unir letras, y lo único que puedo ver son las nubes en mi cabeza.

 





Luz de Reforma

Published by Unknown under on lunes, marzo 15, 2010




Desde mi ventana descubrí que las bancas que más me gustan son la de Reforma. Las de piedra, enormes e invasivas, indecisas y capaces de velar la siesta de cualquiera, sin importar raza, nivel social, credo ni orientación sexual.

Del otro lado de la avenida, hay otra banca de metal. Si miras hacia arriba puedes verle las tripas de metal a un hombre, también de metal. No sé si su creador así lo quiso o si algo lo mutiló ya puesto en su lugar. Quizá la pobre víctima se tuvo que enfrentar a algún peligroso animal de esta enorme jungla,  o intentando cruzar el feroz río, perdió la mitad de su cuerpo entre los dientes de un cocodrilo de diesel.

En cambio, desde este lugar, mi ventana se abre a una luz y a las hojas de un árbol que supo romper el concreto y el metal.

Viernes desde mi ventana

Published by Unknown under on viernes, febrero 26, 2010












Pensando en mi trapecista...











El jueves desde mi ventana

Published by Unknown under on jueves, febrero 25, 2010

La mayoría del tiempo la paso concentrada en los ruidos y pierdo interés en mi propio silencio. ¿Cuántas veces he querido decir algo sin lograrlo? ¿Cuántos nudos en la garganta se han formado?

Pero, debo confesar, me gusta ese silencio. Me gusta quizá porque creo que me convierte en cierto tipo de pasaje secreto. Que lo que me guardo es para mí y sólo aquellos con la poderosa llave de mi amistad incondicional, pueden saber lo que realmente pienso. Aquellos con los que me sincero de manera real y espontánea, son los verdaderamente afortunados. Sin embargo, lo que me gusta es evitar el conflicto.

Hace unas semanas me el elevador en el que estaba se apagó. Literalmente se apagó. El encargado de monitorear los llamados de ayuda, contesto al timbre de alarma. Cuando le informé la situación, lo único que pudo comentar fue: "Pero, usted no está ahí, ese elevador está fuera de servicio."

Ese momento de invisibilidad momentánea me llenó de enojo. Y cómo no, si yo te digo que estoy, es porque estoy. Y punto. Durante los interminables minutos que duro aquella pesadilla claustrofóbica, pensé en todo lo que le diría, practiqué los gestos de indignación que enmarcarían mi queja y encomendé su irremediable destino a todos los santo, ángeles y arcángeles que estuvieran observando.
Cuando logré abrir las puertas, salí disparada, lo vi y lo único que pude decirle fue: "Olvídalo, ya salí."

Durante una comida, encontré platos y cubiertos sucios, un cabello en la ensalada y la gota que derramó el vaso y que, por el momento, me detiene de volver a comer en el mismo lugar. De igual forma ensayé mi arranque de furia y las palabras exactas para quejarme de manera firme, y sarcástica, de los brutales descuidos de su servicio. El correo electrónico sigue en mi bandeja de borradores.

Llámalo cobardía, llámalo debilidad; yo lo llamaba así también. Pero hoy he decidido darle un nuevo nombrar, y por lo mismo, un nuevo significado.

Ayer fui yo la que recibió las quejas de un cliente insatisfecho. Recibí mi dosis de ironía, de interrupciones y explosiones. Pasé el resto del día pensando en qué debí haber dicho. Hoy, antes de salir de casa, recordé todas aquellas ocasiones en las que yo también podría haber sido el cliente insatisfecho que despotricaría contra alguien que es justo lo que yo soy: Amor.

Desde mi ventana, veo la ciudad desprendida de todos. Escucho las voces reclamando, lo pasos apurados, los discursos aprendidos, las quejas ensayadas. Observo a la ciudad respirando problemas, mundanos y fugaces, aleteando con torpeza y chocando unos contra otros, sin pensar, sin siquiera imaginar, que todos caminamos hacia el mismo lugar. Que todos estamos hechos del mismo material. Que a todos nos quema el mismo fuego. Que todos sentimos los mismos colores. Que todos respiramos el mismo aire...

Que todos amamos con el mismo amor.



 

Viernes desde mi ventana

Published by Unknown under on viernes, febrero 19, 2010







y pensar que en algún lugar de esta gran ciudad estás tú...

Lunes desde mi ventana

Published by Unknown under on lunes, febrero 15, 2010











Desde la ventana del coche, pareciera que el metal y el asfalto son lo único que enmarcan el camino de regreso. Pero, sucede que algunas tardes una pincelada de nubes tímidas que se asoman para darnos un beso de despedida.





Jueves desde mi ventana

Published by Unknown under on jueves, febrero 04, 2010










Agua y luz...





Jueves desde mi ventana

Published by Unknown under on jueves, enero 21, 2010









 
Leyenda de los Volcanes

Iztaccihuatl, hace ya miles de años,
fue la princesa más parecida a una flor,
que de la tribu de los viejos caciques
del Capitán más gentil se enamoró.

El padre augustamente abrió los labios
y dijole al Capitán seductor,
que si tomaba un día la cabeza del cacique enemigo,
en su vara y lanzón.

Encontraría preparados,
a un mismo tiempo
el festín de su triunfo
y el lecho de su amor.

Y Popocatépetl fuese a la guerra
con esta esperanza en el corazón
domo la rebeldía de las selvas obstinadas,
el motín de los riscos contra su paso vencedor.

La osadía despeñada de los torrentes,
y la acechanza de los pantanos en traición;
y contra cientos y cientos de soldados,
años de años gallardamente combatió.

Al fin tornó a la tribu,
y la cabeza del Cacique enemigo
sangraba en su lanzón.

Hallo el festín del triunfo preparado,
pero no así el lecho de su amor;
en vez de lecho encontró el túmulo.

En que su novia,
dormida bajo el sol esperaba
en su frente el beso póstumo de la boca
que nunca en vida la beso.

Y Popocatépetl quebró en sus rodillas
el haz de las flechas;
y, en una sorda voz conjuro
las sombras de sus antepasados
contra las crueldades de su impasible Dios.

Era la vida suya, muy suya,
porque contra la muerte la gano;
tenia la riqueza; el poderío;
pero no tenia el amor...

Entonces, hizo que veinte mil esclavos
alzaran un gran túmulo ante el sol:
amontono diez cumbres en una escalinata
como de alucinación;

Tomo en sus brazos a la mujer amada,
y él mismo sobre el túmulo la coloco;
luego, encendió una antorcha, y,
para siempre, quedo en pie
alumbrando el sarcófago de su dolor

Duerme en paz, Iztaccihuatl;
nunca los tiempos borraran los perfiles
de tu casta expresión.

Vela en paz, Popocatépetl;
nunca los huracanes apagaran
tu antorcha eterna de amor.


Tomado del folleto "Popocatépetl",
                           Alfredo Careaga P.;
  México, D.F. a 14 de Abril de 1987


CENAPRED





Viernes desde mi ventana

Published by Unknown under on viernes, enero 15, 2010
















Hoy es viernes de gratitud.

Desde mi ventana puedo ver un pedazo de vida. Agradezco que estoy completa, que soy libre que puedo ver y respirar. 

¿Qué agradeces hoy?

Miércoles desde mi ventana

Published by Unknown under on miércoles, diciembre 23, 2009










De regreso a casa...





Martes desde mi ventana

Published by Unknown under on martes, noviembre 24, 2009











La ciudad hoy ha vuelto a ser la región más transparente. Es como un niño que poco a poco mueve las cobijas en la mañana. Con un poco de sueño, otro poco de incertidumbre y mucha energía. Un niño con imaginación infinita que despierta en el desierto, en la selva o en una misteriosa isla, listo para la siguiente aventura.





Miércoles desde mi ventana

Published by Unknown under on jueves, noviembre 12, 2009










En las noches la ciudad se incendia en una estampida de amarillos y sus venas lentamente bombea rojos tiltilantes. Desde mi ventana, desprendida del caos y los radios, me siento agradecida por el momento que estoy viviendo. Me siento agradecida por la ciudad en la que vivo y las personas que me rodean.





 

Viajeros

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